19 octubre 2009

29 septiembre 2009

Biblioteca Valenciana - Taller de microrrelatos

(Monasterio de San Miguel de los Reyes
Av. de la Constitución, 284, 46019 Valencia)

15 de octubre

Taller de microrrelatos
Imparte el taller: Vicente Valls

Microcuento, minicuento, cuento minúsculo, cuento en miniatura, incluso cuentículo... Existen demasiadas denominaciones para dar cuerpo al cuento brevísimo, entre las que parece imponerse la de "microrrelato".

Un fenómeno en absoluto nuevo en la literatura, que sin embargo parece ponerse de moda en el último medio siglo, de la mano de insignes cultivadores de la ficción hispanoamericana como Borges, Cortázar, García Márquez, Arreola, Denevi y Monterroso. Porque, aunque el microrrelato no es ajeno a todas las literaturas contemporáneas -basta recordar la extraña belleza de los cuentos breves de Kafka o el impagable humor de los de Slawomir Mrozek-, parece haber irrumpido con mayor fuerza al otro lado del Atlántico, donde también se ha intentado dotarlo de base teórica y distinguirlo de especies afines. No faltan en nuestro país brillantes cultivadores del microrrelato, como Luis Mateo Díez, Max Aub o Antonio Pereira, y es raro el escritor que no haya perpretado uno alguna vez.

El microrrelato hunde sus raíces, como toda literatura, en la tradición oral, en forma de fábulas y apólogos, y va tomando cuerpo en la Edad Media a través de la literatura didáctica, que se sirve de leyendas, adivinanzas y parábolas. Algunos han visto el microrrelato como la versión en prosa del haiku oriental y otros lo han hecho derivar de la literatura lapidaria.

Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.

En la segunda mitad del siglo XX el microrrelato llega a su madurez. Ya no se trata de un ejercicio de estilo, de una pirueta de agudeza o de un retazo más o menos misterioso de prosa poética. El microrrelato se presenta como una auténtica propuesta literaria, como el género idóneo para definir, parodiar o volver del revés la rapidez de los nuevos tiempos y la estética posmoderna. Algo que tiene que ver con Italo Calvino y sus "Seis propuestas para el próximo milenio", con sus "hibridaciones multiculturales", como ha señalado Enrique Yepes, uno de los estudiosos de este arte pigmeo. El cuento brevísimo es la arena ideal donde se bate la moda de la destrucción de los géneros, hasta el punto de que resulte imposible -e inútil- tratar de definirlo, distinguirlo o envolverlo de legalidad.

Proliferan así estos "cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas" -según expresión del argentino David Lagmanovich- que, con su despojamiento, ponen a prueba "nuestras maneras rutinarias de leer". Para diferenciarlos de los aforismos, las frases lapidarias o los miniensayos, deben cumplir los principios básicos de la narratividad, aunque de una forma extravagantemente concentrada. Son, casi siempre, ejercicios de reescritura, o minúsculo laboratorio de experimentación del lenguaje, o ambiciosa pretensión de encerrar en unas líneas una visión trascendente del mundo.

Pero queda una sospecha: ¿no habrá en todo esto un poco de pereza? Con su humor de siempre, Augusto Monterroso parece sembrar la duda cuando escribe: "Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto".
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EL DINOSAURIO
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Augusto Monterroso, Obras completas (y otros cuentos)

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EL POZO
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior."Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.

Luis Mateo Díez, "El pozo", Los males menores, Madrid, Alfaguara, 1993, p. 140

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BÍBLICA
Levanto el sitio y abandono el campo... La cita es para hoy en la noche. Ven lavada y perfumada. Unge tus cabellos, ciñe tus más preciosas vestiduras, derrama en tu cuerpo la mirra y el incienso. Planté mi tienda de campaña en las afueras de Betulia. Allí te espero guarnecido de púrpura y de vino, con la mesa de manjares dispuesta, el lecho abierto y la cabeza prematuramente cortada.
Juan José Arreola, Dexografías

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“LAS LÍNEAS DE LA MANO”
De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en este instante empieza a cerrarse sobra la culata de una pistola.

Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas, 1962

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25 septiembre 2009

Esbozo - Impostor - Vasto - Proscrito

Esbozo
1. m. Acción y efecto de esbozar.
2. m. Bosquejo sin perfilar y no acabado. Se usa especialmente hablando de las artes plásticas, y, por ext., de cualquier obra del ingenio.
3. m. Aquello que puede alcanzar mayor desarrollo y extensión.
4. m. Biol. Tejido, órgano o aparato embrionario que todavía no ha adquirido su forma y estructura definitivas.

Impostor
, ra.
(Del lat. impostor, -ōris).
1.
adj. Que atribuye falsamente a alguien algo. U. m. c. s.
2.
adj. Que finge o engaña con apariencia de verdad. U. m. c. s.
3.
m. y f. Suplantador, persona que se hace pasar por quien no es.

Vasto
, ta.
(Del lat. vastus).

1.
adj. Dilatado, muy extendido o muy grande.

Proscrito
, ta.
(Del part. irreg. de proscribir).
1.
adj. desterrado. U. t. c. s.

Desterrado
, da.
(Del part. de desterrar).
1.
adj. Que sufre pena de destierro. U. t. c. s.

02 junio 2009

Léxico - Fantoche

Se usa para denominar a una persona grotesca, desdeñable, neciamente presumida o estrafalaria y también un muñeco grotesco, a veces movido por hilos, según la definición académica.
Esta última acepción es probablemente la más usada hoy en día para referirse en sentido metafórico a autoridades de quienes se afirma que no actúan de acuerdo con sus propias decisiones, sino como si fueran 'movidas por hilos' manejados por personajes poderosos que permanecen en la sombra.
La palabra proviene del francés fantoche, lengua a la cual llegó en 1863 del italiano fantoccio, con el significado de 'títere o marioneta', para trasmitir la idea de que un fantoche es un sujeto manejable como un niño. Fantoccio proviene de fante (niño pequeño, infante), derivado del latín infans -ntis (mudo, infantil), compuesto por la partícula privativa in- y fans, participio del verbo latino fari (hablar).
La Real Academia Española recogió este término por primera vez en su Diccionario de 1925.

23 mayo 2009

En memoria de Mario Benedetti

En memoria de Mario Benedetti.
(haz clic sobre el enlace para ver el vídeo)

Televisión Española rinde un homenaje al poeta uruguayo Mario Benedetti, recientemente fallecido, con la emisión de 'En memoria de Mario Benedetti'. En este programa especial de 50 minutos, TVE recupera algunas de las entrevistas al poeta del compromiso e imágenes sobre los episodios más relevantes de su trayectoria vital y literaria.

26 marzo 2009

Léxico - Chamán

Los chamanes son sacerdotes o hechiceros en comunidades que viven principalmente de la caza y de la pesca en diversas regiones del planeta. Se les atribuye el don de la sabiduría, recibido por herencia o por aprendizaje iniciático, que a veces incluye el uso de drogas alucinógenas. Éste sería el caso de la ayahuasca, empleada en algunos rituales amazónicos, o del peyote, usado por chamanes de México.
Los chamanes existen en pueblos siberianos, en Japón, en tribus indígenas de las tres Américas y en las de Australia y Nueva Zelanda, aunque no siempre con ese nombre. Con una extensión geográfica tan amplia, es lícito pensar que la palabra tiene denotaciones diferentes en sus diversos ámbitos geográficos, y cabe mencionar que algunos grupos esotéricos definen chamán como ‘gran maestro del éxtasis en cultos mágico-religiosos’.
La palabra proviene del sánscrito sramyati ‘cansado’, de donde se derivó srama-s ‘esfuerzo’, ‘ejercicio religioso’. En el budismo, se llamó sramaná-s a los ascetas seguidores de Buda. La palabra llegó al ruso samán a través del tungús saman, con el significado de ‘monje budista’.
Tras milenios de historia y la palabra penetró en inglés bajo la forma shaman, con el significado de ‘brujo o hechicero’ en un diario de viaje de 1698, desde Rusia hacia China, escrito por A. Brand, de donde fue tomado por el francés chaman. La palabra aparece registrada en escritos en nuestra lengua a partir de mediados del siglo XX, pero sólo en 1983 fue incorporada al Diccionario de la Academia como "hechicero al que se supone dotado de poderes sobrenaturales para sanar a los enfermos, adivinar, invocar a los espíritus, etc.". En el portugués de Brasil, se adoptó la forma xamã.

21 marzo 2009

Léxico - Silueta

Cuidar la silueta suele ser una preocupación muy frecuente en las mujeres que temen aumentar de peso y perder elegancia. Algunos vestidos se diseñan para realzar la belleza de la silueta femenina, entendida como los contornos del cuerpo.
De un modo más genérico, silueta es un dibujo de la sombra de un objeto, o sea, de su contorno, sin tener en cuenta los detalles de ese objeto.
La palabra proviene del francés silhouette, y se tomó del nombre de un austero ministro de Hacienda de Francia de Luis XV, Étienne de Silhouette (1709-1767), quien llegó al cargo en marzo de 1759 por recomendación de la favorita del monarca, madame de Pompadour. Este ministro tenía la afición de recortar en papel retratos de siluetas. Silhouette se granjeó la animadversión tanto de la nobleza como de la pequeña burguesía, perjudicadas por sus medidas, con lo que su impopularidad muy pronto se generalizó en toda Francia, a tal punto que en noviembre del mismo año se vio obligado a renunciar.
Pero la afición del ministro de recortar dibujos de contornos, que los cortesanos llamaban con desprecio portraits à la Silhouette (retratos al estilo Silhouette), se había hecho famosa y contaba con una popularidad mucho mayor que la del alto funcionario nombrado por la favorita del rey.
En 1788, silhouette ya aparecía en francés para designar dibujos de contornos, y en 1835 la palabra era admitida por la Academia Francesa. Pero fue Chateaubriand quien en 1841 usó por primera vez silhouette para referirse específicamente a los contornos de cuerpos humanos.
Silueta apareció en el Diccionario de la Real Academia en su edición de 1869, y ya en 1864 era usada por el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) en Desde mi celda:
Absorto en estos pensamientos, doblo el periódico y me dirijo a mi habitación. Cruzo la sombría calle de árboles y llego a la primera cerca del monasterio, cuya destellada silueta destaca por oscuro sobre el cielo, en un todo semejante a la de un castillo feudal.

07 marzo 2009

Léxico - Ahorrar

Palabra castellana equivalente al francés épargner, al italiano sparagnare, al inglés to save, al catalán estalviar, el alemán sparen y el portugués poupar.
La palabra proviene del árabe hurr (libre, por contraste con ‘esclavo’). En el siglo XVII, ahorrar todavía significaba ‘poner en libertad a un esclavo’, aunque ya en el siglo XIII tenía el sentido de ‘liberar de una carga o de un esfuerzo’. Sin embargo, en el Lazarillo de Tormes, ya aparece con ese sentido y también con el de ‘hacer economías’. Veamos aquí un ejemplo del primer caso:
Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorraría de mí, quise yo ahorrar dél; mas no lo hice tan presto por hacello más a mi salvo y provecho.
Y aquí otro, en la misma obra, con la denotación de ‘economizar’:
Fueme tan bien en el oficio que al cabo de cuatro años que lo usé, con poner en la ganancia buen recaudo, ahorré para me vestir muy honradamente de la ropa vieja, de la cual compré un jubón de fustán viejo y un sayo raído de manga tranzada y puerta, y una capa que había sido frisada, y una espada de las viejas primeras de Cuéllar.
La palabra tiene el mismo origen que en portugués alforria (liberación de un esclavo), que también se repite con el mismo sentido en gallego y en asturiano (aforrar).
Cabe precisar que las voces francesa, italiana y alemana arriba mencionadas provienen del germánico sparanjan (ahorrar, en el sentido de librarse de un esfuerzo).

01 marzo 2009

Arrebol - Fronda - Aurora - Enarcar

arrebol1.
(De arrebolar).
1. m. Color rojo de las nubes iluminadas por los rayos del Sol.
2. m. Este mismo color en otros objetos y especialmente en el rostro de la mujer.
3. m. colorete (‖ cosmético).
4. m. pl. arrebolada.

arrebol2.
(Del dialect. redol y ruedo).
1. m. Sal. Ruedo o refuerzo en la falda del traje de charra.
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fronda1.
(Del lat. frons, frondis).
1. f. Hoja de una planta.
2. f. Bot. Hoja de los helechos.
3. f. pl. Conjunto de hojas o ramas que forman espesura.

fronda2.
(Del fr. fronde).
1. f. Med. Vendaje de lienzo, de cuatro cabos y forma de honda, que se emplea en el tratamiento de las fracturas y heridas.
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aurora.
(Del lat. aurōra, de aura, brillo, resplandor).
1. f. Luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del Sol.
2. f. Principio o primeros tiempos de algo.
3. f. Hermosura del rostro, y, por ext., el rostro sonrosado.
4. f. Bebida compuesta de leche de almendras y agua de canela.
5. f. Canto religioso que se entonaba al amanecer, antes del rosario, y con el que se daba comienzo a la celebración de una festividad de la Iglesia.

  • aurora austral.
    1. f. Meteor. aurora polar del hemisferio sur.
  • aurora boreal.
    1. f. Meteor. aurora polar del hemisferio norte.
  • aurora polar.
    1. f. Meteor. Meteoro luminoso que se observa cerca de los polos magnéticos, producido por partículas cargadas eléctricamente que proceden de las erupciones solares.
  • despuntar, o romper, la aurora.
    1. locs. verbs. Empezar a amanecer.

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enarcar.
1. tr. arquear (‖ dar forma de arco). U. t. c. prnl.
2. tr. Echar cercos o arcos a las cubas, toneles, etc.
3. prnl. Encogerse, achicarse.
4. prnl. Méx. Dicho de un caballo: encabritarse.