23 mayo 2009

En memoria de Mario Benedetti

En memoria de Mario Benedetti.
(haz clic sobre el enlace para ver el vídeo)

Televisión Española rinde un homenaje al poeta uruguayo Mario Benedetti, recientemente fallecido, con la emisión de 'En memoria de Mario Benedetti'. En este programa especial de 50 minutos, TVE recupera algunas de las entrevistas al poeta del compromiso e imágenes sobre los episodios más relevantes de su trayectoria vital y literaria.

26 marzo 2009

Léxico - Chamán

Los chamanes son sacerdotes o hechiceros en comunidades que viven principalmente de la caza y de la pesca en diversas regiones del planeta. Se les atribuye el don de la sabiduría, recibido por herencia o por aprendizaje iniciático, que a veces incluye el uso de drogas alucinógenas. Éste sería el caso de la ayahuasca, empleada en algunos rituales amazónicos, o del peyote, usado por chamanes de México.
Los chamanes existen en pueblos siberianos, en Japón, en tribus indígenas de las tres Américas y en las de Australia y Nueva Zelanda, aunque no siempre con ese nombre. Con una extensión geográfica tan amplia, es lícito pensar que la palabra tiene denotaciones diferentes en sus diversos ámbitos geográficos, y cabe mencionar que algunos grupos esotéricos definen chamán como ‘gran maestro del éxtasis en cultos mágico-religiosos’.
La palabra proviene del sánscrito sramyati ‘cansado’, de donde se derivó srama-s ‘esfuerzo’, ‘ejercicio religioso’. En el budismo, se llamó sramaná-s a los ascetas seguidores de Buda. La palabra llegó al ruso samán a través del tungús saman, con el significado de ‘monje budista’.
Tras milenios de historia y la palabra penetró en inglés bajo la forma shaman, con el significado de ‘brujo o hechicero’ en un diario de viaje de 1698, desde Rusia hacia China, escrito por A. Brand, de donde fue tomado por el francés chaman. La palabra aparece registrada en escritos en nuestra lengua a partir de mediados del siglo XX, pero sólo en 1983 fue incorporada al Diccionario de la Academia como "hechicero al que se supone dotado de poderes sobrenaturales para sanar a los enfermos, adivinar, invocar a los espíritus, etc.". En el portugués de Brasil, se adoptó la forma xamã.

21 marzo 2009

Léxico - Silueta

Cuidar la silueta suele ser una preocupación muy frecuente en las mujeres que temen aumentar de peso y perder elegancia. Algunos vestidos se diseñan para realzar la belleza de la silueta femenina, entendida como los contornos del cuerpo.
De un modo más genérico, silueta es un dibujo de la sombra de un objeto, o sea, de su contorno, sin tener en cuenta los detalles de ese objeto.
La palabra proviene del francés silhouette, y se tomó del nombre de un austero ministro de Hacienda de Francia de Luis XV, Étienne de Silhouette (1709-1767), quien llegó al cargo en marzo de 1759 por recomendación de la favorita del monarca, madame de Pompadour. Este ministro tenía la afición de recortar en papel retratos de siluetas. Silhouette se granjeó la animadversión tanto de la nobleza como de la pequeña burguesía, perjudicadas por sus medidas, con lo que su impopularidad muy pronto se generalizó en toda Francia, a tal punto que en noviembre del mismo año se vio obligado a renunciar.
Pero la afición del ministro de recortar dibujos de contornos, que los cortesanos llamaban con desprecio portraits à la Silhouette (retratos al estilo Silhouette), se había hecho famosa y contaba con una popularidad mucho mayor que la del alto funcionario nombrado por la favorita del rey.
En 1788, silhouette ya aparecía en francés para designar dibujos de contornos, y en 1835 la palabra era admitida por la Academia Francesa. Pero fue Chateaubriand quien en 1841 usó por primera vez silhouette para referirse específicamente a los contornos de cuerpos humanos.
Silueta apareció en el Diccionario de la Real Academia en su edición de 1869, y ya en 1864 era usada por el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) en Desde mi celda:
Absorto en estos pensamientos, doblo el periódico y me dirijo a mi habitación. Cruzo la sombría calle de árboles y llego a la primera cerca del monasterio, cuya destellada silueta destaca por oscuro sobre el cielo, en un todo semejante a la de un castillo feudal.

07 marzo 2009

Léxico - Ahorrar

Palabra castellana equivalente al francés épargner, al italiano sparagnare, al inglés to save, al catalán estalviar, el alemán sparen y el portugués poupar.
La palabra proviene del árabe hurr (libre, por contraste con ‘esclavo’). En el siglo XVII, ahorrar todavía significaba ‘poner en libertad a un esclavo’, aunque ya en el siglo XIII tenía el sentido de ‘liberar de una carga o de un esfuerzo’. Sin embargo, en el Lazarillo de Tormes, ya aparece con ese sentido y también con el de ‘hacer economías’. Veamos aquí un ejemplo del primer caso:
Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorraría de mí, quise yo ahorrar dél; mas no lo hice tan presto por hacello más a mi salvo y provecho.
Y aquí otro, en la misma obra, con la denotación de ‘economizar’:
Fueme tan bien en el oficio que al cabo de cuatro años que lo usé, con poner en la ganancia buen recaudo, ahorré para me vestir muy honradamente de la ropa vieja, de la cual compré un jubón de fustán viejo y un sayo raído de manga tranzada y puerta, y una capa que había sido frisada, y una espada de las viejas primeras de Cuéllar.
La palabra tiene el mismo origen que en portugués alforria (liberación de un esclavo), que también se repite con el mismo sentido en gallego y en asturiano (aforrar).
Cabe precisar que las voces francesa, italiana y alemana arriba mencionadas provienen del germánico sparanjan (ahorrar, en el sentido de librarse de un esfuerzo).

01 marzo 2009

Arrebol - Fronda - Aurora - Enarcar

arrebol1.
(De arrebolar).
1. m. Color rojo de las nubes iluminadas por los rayos del Sol.
2. m. Este mismo color en otros objetos y especialmente en el rostro de la mujer.
3. m. colorete (‖ cosmético).
4. m. pl. arrebolada.

arrebol2.
(Del dialect. redol y ruedo).
1. m. Sal. Ruedo o refuerzo en la falda del traje de charra.
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fronda1.
(Del lat. frons, frondis).
1. f. Hoja de una planta.
2. f. Bot. Hoja de los helechos.
3. f. pl. Conjunto de hojas o ramas que forman espesura.

fronda2.
(Del fr. fronde).
1. f. Med. Vendaje de lienzo, de cuatro cabos y forma de honda, que se emplea en el tratamiento de las fracturas y heridas.
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aurora.
(Del lat. aurōra, de aura, brillo, resplandor).
1. f. Luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del Sol.
2. f. Principio o primeros tiempos de algo.
3. f. Hermosura del rostro, y, por ext., el rostro sonrosado.
4. f. Bebida compuesta de leche de almendras y agua de canela.
5. f. Canto religioso que se entonaba al amanecer, antes del rosario, y con el que se daba comienzo a la celebración de una festividad de la Iglesia.

  • aurora austral.
    1. f. Meteor. aurora polar del hemisferio sur.
  • aurora boreal.
    1. f. Meteor. aurora polar del hemisferio norte.
  • aurora polar.
    1. f. Meteor. Meteoro luminoso que se observa cerca de los polos magnéticos, producido por partículas cargadas eléctricamente que proceden de las erupciones solares.
  • despuntar, o romper, la aurora.
    1. locs. verbs. Empezar a amanecer.

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enarcar.
1. tr. arquear (‖ dar forma de arco). U. t. c. prnl.
2. tr. Echar cercos o arcos a las cubas, toneles, etc.
3. prnl. Encogerse, achicarse.
4. prnl. Méx. Dicho de un caballo: encabritarse.

28 febrero 2009

Léxico - Hora

En tiempos muy primitivos, una hora era la doceava parte del tiempo transcurrido entre la salida y la puesta del sol. Su duración variaba, por tanto, con las estaciones y, entre los indoeuropeos se llamaba yora.
Los egipcios fueron los primeros en dividir el día en 24 partes iguales, una práctica que fue adoptada por los griegos, quienes le dieron el nombre de hora, y después por los romanos, se cree que inicialmente con una h aspirada que probablemente desapareció antes de la época clásica.
Los romanos acuñaron también la expresión hac hora (en esta hora), que llegó al español inicialmente como agora, que después del siglo XII se convirtió en ahora en castellano, aunque agora se mantiene hasta hoy en gallego y en portugués. Durante el siglo XV se hizo común en español la expresión ‘en hora buena’, que terminó por convertirse un siglo más tarde en la palabra enhorabuena.
En gallego-portugués (lengua que más tarde se dividió en dos) en el siglo XV ya se decía en boa hora y emboora, que finalmente se redujo al actual embora (en buena hora). En portugués, con el verbo ir, embora da la idea de retirada que en español se expresa con forma pronominal ‘irse’.
Con el verbo griego skopein (ver), que está presente en ‘microscopio’, ‘telescopio’, ‘endoscopía’ y muchas otras, hora formó también ‘oroscopos para los griegos y horoscopos en latín, que sólo apareció en castellano hacia comienzos del siglo XVII.

21 febrero 2009

Léxico - Mes

Para los pueblos indoeuropeos –cuyos idiomas dieron origen a ciento cincuenta lenguas habladas hoy por la mitad de la humanidad– la palabra empleada para mes era la misma que designaba a la Luna, lo que no debe sorprender, si recordamos que una lunación dura veintiocho días.
En efecto, la raíz indoeuropea dio lugar al vocablo griego men, mene, del que se derivó el vocablo latino mensis, que llegó a nosotros bajo la forma mes.
La primitiva equivalencia entre ‘luna’ y ‘mes’ se perdió en latín, pero en otras lenguas se mantuvo una proximidad entre ambos términos: en inglés, month/Moon; en alemán Monat/Mond; en holandés Maand/maan y, en sueco, månad/måne.
En español, muchas otras palabras se derivaron de mes o de mensis, tales como menstruación, menopausia, amenorrea, trimestre y semestre.

07 febrero 2009

Léxico - Paralelo

Rectas o planos paralelos son aquellos equidistantes entre sí, de modo que no se encuentran por más que se prolonguen. La palabra llegó al español procedente del latín parallelus y éste, del griego parallelos, con el mismo significado.
El vocablo griego se formó a partir de la preposición pará (al lado) y allelos (uno, con relación al otro), derivado a su vez de allos (otro). Cabe observar que allelos también está presente en nuestra lengua en alelomorfo, que se aplica en biología a los caracteres genéticos opuestos de un individuo, que pueden manifestarse de una u otra manera, como ‘ojos claros-ojos oscuros’, ‘nariz aguileña-nariz respingada’, por ejemplo.
Paralelo se aplica también a los círculos menores que rodean la Tierra en posición paralela al Ecuador.
En sentido figurado, paralelo se usa también para denotar una comparación entre una persona o cosa con otra semejante, como hace Plutarco en su obra Vidas paralelas. En ese sentido, paralelismo equivale a semejanza.
Si a paralelo le añadimos el sufijo –grama (lo que está escrito, trazado o dibujado), formamos paralelogramo, un cuadrilátero cuyos lados opuestos son paralelos.
También se combina paralelo con la palabra griega epípedon (superficie, formada por epi- [sobre] y pédon [piso, suelo]) y tendremos paralelepípedo, un sólido compuesto por seis caras, paralelas dos a dos, cada una de las cuales tiene la forma de un paralelogramo.

01 febrero 2009

Cuestión de género

Artículo de opinión publicado en el Diario Información de Alicante el 31 de enero de 2009.
Julio G. Pesquera
Respecto a la campaña promovida por el Ayuntamiento "Alicante guapa, guapa, guapa" me han planteado varios lectores si no sería más correcto concordar el adjetivo en masculino, pero el asunto, a primera vista baladí, tiene más miga de la que parece y obliga a reflexionar de manera global sobre la cuestión del género, y en particular sobre el de los nombres de las ciudades, para tratar de llegar a una conclusión razonada.
En principio, hay que establecer que el género es un rasgo arbitrario, salvo en los casos en que se refiere a seres sexuados concretos -león, leona, gato, gata- y que los nombres de objetos, cualidades y, en general, seres a los que no se puede atribuir sexo son masculinos o femeninos sin ninguna razón que lo justifique, de modo que en una lengua un vocablo puede ser masculino y el equivalente, en otra, femenino. En español hay una marcada tendencia a que los nombres acabados en /o/ sean masculinos y por tanto se pueda poner delante de ellos el artículo "el" y que los acabados en /a/ sean femeninos y lleven el artículo "la". Con algunas excepciones, porque, por ejemplo, "mano" termina en /o/ y decimos "la mano" y "hampa" acaba en /a/ y decimos "el hampa". Además, se plantea que hay muchísimos sustantivos que no terminan ni en /o/ ni en /a/ sino en otra vocal o en cualquier consonante y entonces sí que se hace más patente que no existen ni norma ni tendencia válida sino que se pone de manifiesto la arbitrariedad más absoluta y sabemos que "camión", "clarinete" o "rosal" son masculinos por la gracia de Dios, y "matriz", "flexión" o "humildad" son femeninos porque así lo ha impuesto el uso. Hay además una excepción: cuando un nombre comienza por /a/ tónica, es decir, acentuada, no porque lleve o no tilde sino porque recaiga en ella la mayor fuerza de voz -eso es lo que significa estar acentuada- como en "águila", "aula" o "agua", en singular se pone delante el artículo "el", como si fueran masculinas, aunque no lo sean (lo que se descubre porque en plural se dice "las águilas", "las aulas", "las aguas") para evitar la cacofonía (el mal sonido) que resultaría al poner "la" delante -pueden hacer la prueba para comprobarlo-, y así, se forma "el águila", "el aula", "el agua". Se da, incluso, que hay nombres invariables en cuanto al género como "el/la pianista" o "el/la siquiatra" en los que es el artículo el que distingue y otros que poseen una forma única para los dos sexos: "la perdiz", "el mosquito", "el lince" y muchos más; en estos suelen agregarse para distinguir el sexo las palabras "macho" o "hembra".
Y llegamos a los nombres de las ciudades. Si nos fijamos en las capitales de provincia españolas encontraremos que las acabadas en /a/ son indudablemente femeninas: "La Barcelona de principios del siglo XX fue muy revolucionaria", "La Vitoria actual es un modelo de ciudad limpia y moderna". Por el contrario, las acabadas en /o/ como Toledo o Lugo son masculinas -"Tomando unos vinos por el Lugo de las tabernas se pasa la tarde estupendamente y se come"-, pero las hay que terminan en otras vocales o en consonante y en estos casos el uso ha consagrado que sean masculinas: "El León monumental merece cuando menos dos días de visita", "Me encanta el Madrid de los Austrias", y no es posible hablar de "la León" ni de "la Madrid". En cuando al nombre de nuestra ciudad parece que sigue la misma regla y se prefiere "El Alicante de mi niñez era mucho más familiar y recogido" frente a "La Alicante de mi niñez", donde la sucesión de aes -"La Alicante"- no produce un efecto sonoro precisamente agradable y, aunque pueda haber a quien no le parezca mal, lo que es indudable es que la forma con el actualizador masculino delante resulta aceptada por todos.
Pero hete aquí que, si el nombre no va precedido de artículo, la cosa cambia, y cuando hace unos años se diseñó otra campaña para concienciar a la ciudadanía de que había que mejorar el aspecto de las calles y aceras se eligió como eslogan "Alicante ciudad limpia" en el que el adjetivo "limpia" concuerda con el nombre "ciudad". Esta vez se ha optado por eliminar "ciudad", aunque sigue estando por debajo de lo dicho en lo que los lingüistas llaman "la estructura profunda" -lo pensado- y por eso parece que nos suena mejor "Alicante guapa" que "Alicante guapo" pues el adjetivo concuerda con un sustantivo, "ciudad", que no está expreso, pero que se supone.
No hay de qué.